jueves, 30 de julio de 2015

Reflexión - ¿Que es la belleza?

Hoy os traigo algo ligeramente diferente a lo que he hecho hasta ahora, cosa cuanto menos curiosa teniendo en cuenta q el poco tiempo que llevo. El caso es que hace poco, hablando con una amiga, salió el tema de la belleza, de si tal o tal muchacha me parecía guapa.
El caso es que me paso unas fotos de una muchacha, primero solamente de cara, y era bastante guapa, después de cuerpo entero. Su intención parece ser que opinase si por el hecho de no tener un cuerpo de revista, la muchacha en realidad tenia lo que hoy dia se considera “unos kilitos de más”, pero la muchacha era guapa.
Pero entonces ¿Qué es la belleza? Pensando en el tema me he dado cuenta de que las personas estamos equivocadas cuando pensamos en belleza. Si la belleza todos sabemos lo que es pero ¿Y los cánones de belleza? Más bien es de esto de lo que os quiero hablar.
Meditando sobre ello me he dado cuenta de una cosa, los cánones de belleza no existen. Me explico. Si, los cánones de belleza de nuestra sociedad existen, pero ¿Son reales?
Considero que en algo tan subjetivo como es la belleza es imposible encontrar un modelo en el que entre el concepto de belleza de todo el mundo. No nos engañemos, no podemos encontrar unas cualidades físicas que gusten a todo el mundo, poniéndome en el caso masculino a algunos les gustan pelirrojas, a otros morenas, rubias, de pelo corto, largo, delgadas, con curvas…. Hay infinidad de combinaciones, tantas como hombres y mujeres. Es más fácil encontrar a alguien que no tenga tus mismos gustos que a alguien que los comparta totalmente.
Y esto me llevo a pensar ¿De dónde surgen esos cánones? ¿Dónde intentan inculcarnos que lo delgado, casi esquelético, es mejor que aquello con “unos kilitos de más”?
Es con esto con lo que más defraudado me siento, que estos cánones de belleza en realidad no los pone la gente, sino las empresas. Esas empresas que se dedican a intentar minar la autoestima de las personas para así crear una sociedad dependiente a según qué productos para así poder aumentar las ventas.
Hacen sentir a la gente una necesidad irreal para después ir vendiendo que su ropa/comida/maquillaje es lo que te hará sentir mejor, cuando en realidad esto no es así, pues no te sientes mal contigo mismo, simplemente crees que lo sientes. Te crean las dudas para venderte las soluciones.
Son buitres que se aprovechan de la gente creando debilidades inexistentes, repitiendo una y otra vez que para tener belleza debes tener un cuerpo perfecto, sin imperfecciones. Y hemos olvidado que en realidad son estas imperfecciones las que pueden hacer a una persona perfecta.
Yo personalmente no me siento atraído por esas mujeres esqueléticas que nos muestran en televisión, a mí me gustan las mujeres que merecen el calificativo de mujer, que tengan curvas, no que sean completamente planas, yo prefiero una mujer que me quite el sentido solamente con verla aparecer, y que cuando se vaya su recuerdo me acompañe en todo momento.
Y es que, pensando en esto, no puedo dejar de recordar esa parte final del pasodoble de Juan Carlos Aragon con “Los Yesterdays”, ese que se titulaba “Cuando en una pasarela” y que decía así:
Yo prefiero seguir buscando
Los defectos y los encantos
De una dama golfa y valiente,
Verdadera como la guerra
Despeinada como la tierra
Y canalla como la gente,
Yo prefiero una compañera
Perfumada con la madera
Con el cuero y con la palabra.

Hembra,
Una mujer para mi debe ser
Mucho más que una hembra
Que desprecie la corbata y el Chanel
El dinero y la mentira
Solo por esa mujer
Valdrá mi muerte más que mi vida.
Si no crees lo que te digo piensa un instante ¿De verdad sirven esos cánones de belleza? ¿Tú te enamoras de una lista de cualidades físicas o de una persona?
Es aquí donde debemos realizar las verdaderas distinciones. Ahora mismo, por desgracia, vivimos en una sociedad en la que se confunde atracción con sentimientos. Mucha gente ya cree que simplemente por sentirse atraído por una persona ya está enamorada, y eso es un error. Fallamos a la hora de intentar comprender el amor.
Pero esto es tema de otra reflexión. La gente no se puede amargar por no entrar en los cánones de belleza actuales, es más, para mi es mejor no entrar en esos cánones. Recordad que nunca, nunca, debéis cambiar porque os lo digan o porque os hagan sentir que estáis mal. Debéis cambiar por vosotros mismos, porque queráis llevar un modo de vida diferente.
No os voy a decir el trillado dicho de “La belleza está en el interior”, porque es mentira. La belleza está en el exterior, pero porque todos tenemos nuestra propia belleza, cada uno de nosotros es único e irrepetible, solo tenemos que encontrar a esas personas que nos aprecien sin querer hacernos cambiar. Pues si os quieren hacer cambiar es que en realidad no os aprecian.


José Carlos Ortega Diez (@Orteguilla25)

domingo, 26 de julio de 2015

Relato - La Dama Sangrienta

Todos han oído hablar alguna vez de los vampiros, seres no muertos que se alimentan de la sangre de los vivos, criaturas terroríficas conocidas por matar sin compasión alguna con la única finalidad de ansiar su hambre. El propio cuerpo de los vampiros está pensado para matar: reflejos sobrehumanos, garras afiladas, cuerpos duros como el mármol y, sin lugar a dudas su arma más mortífera, sus colmillos, el único medio que tienen para alimentarse y transformar a sus víctimas en vampiros.
Hubo una vez una vampiresa, temida incluso por los de su propia especie, un monstruo creado por otro monstruo, y esta es su historia.
Todo comenzó en Londres en el siglo XVIII, en un tiempo en el que ella desconocía el mundo de las sombras, en el que aún era humana. Nadie recuerda su nombre pero algunos, los más allegados a ella, la conocieron como Alysa. Criada por una de las familias más influyentes de su época, Alysa fue educada para ser una dama y, algún día, poder casarse con un hombre rico y poderoso que engrandara el nombre de su familia; pero el destino es caprichoso y quiso que su vida cambiara una noche de luna llena. Esa noche es recordada por muchos como “la noche sangrienta”, no solo por el nacimiento de la vampiresa sino por lo que ocurrió mucho después.
El culpable de que aquello sucediera fue un vampiro llamado Nust, que había puesto sus ojos en la joven desde que la vio por primera vez, cuando solo era una niña pequeña, y esperó pacientemente a que cumpliera 16 años para llevar a cabo su más anhelada ambición. Siguiendo el impulso de la sangre, Nust mató a sus padres frente a ella y su hermana pequeña. Ninguna de ellas presenció el final de aquella masacre, ambas perdieron el conocimiento por la brutalidad del asesinato.
Despertaron horas después en un sótano oscuro, ambas atadas con cadenas al cabecero de una cama vieja. La poca luz que iluminaba la estancia provenía de una lámpara de gas. Intentaron soltarse pero el frío metal se les clavaba en las muñecas y les hacía daño.
—Es inútil.
La voz las sobresaltó, no tardaron en ver a su propietario. Un viejo vestido con ropas ajadas las miraba con avidez, con deseo, con unos ojos salvajes. Estaba frente a la puerta, lejos de la débil luz de la lámpara pero podían verlos, sus ojos brillantes en la oscuridad. Los recuerdos golpearon con fuerza la mente de Alysa, rememorando lo que aquel hombre les había hecho a sus padres. Las lágrimas acudieron a sus ojos, lágrimas de impotencia, de tristeza y angustia.
Su hermana lloriqueaba a su lado, temblando, con el rostro contraído en una máscara de terror.
—Veo que ya estáis despiertas —dijo arrastrando las palabras, su voz era ronca y grave. Sus ojos estaban fijos en Alysa—. Nos vamos a divertir mucho tú y yo. Te daré un regalo que nunca olvidarás.
— ¿Qué vas a hacer con nosotras? —Preguntó Alysa aterrada, aunque hubiera querido no podía ocultar el terror que sentía. No solo estaba asustada, lo que aquel monstruo le había hecho a sus padres la enfurecía. Le fue más fácil dejarse llevar por la ira que por el miedo—. ¡Eres un monstruo!
—Vamos, vamos. No te pongas así —contestó Nust con voz burlona, divertido por la furia de la muchacha—. Tus padres no sufrieron demasiado, los maté rápidamente, aunque reconozco que me entretuve un poco. Su sangre estaba deliciosa, especialmente la de tu madre —se relamió los labios y río a pura carcajada, abriendo su boca de par en par.
Alysa pudo verlos brillando en su boca, dos colmillos pequeños pero afilados. Entonces supo lo que era, el hombre frente a ellas parecía humano pero solo en apariencia. Había oído leyendas sobre criaturas como aquella, los monstruos que se alimentaban de sangre y atacaban por las noches: los vampiros.
El color desapareció del rostro de Alysa al comprender la situación, mucho peor de lo que había imaginado en un principio. Iban a morir desangradas por ese monstruo, igual que sus padres y seguramente igual que cualquier otra persona que se hubiese cruzado con él.
«Al menos debo salvarla a ella» pensó Alysa y, armándose de valor, formuló la petición más valiente de toda su vida.
 —Deja marchar a mi hermana y podrás hacer lo que quieras conmigo —dijo Alysa en voz firme pero asustada—. Prometo que no me resistiré.
—Una propuesta muy noble por tu parte, pero tremendamente estúpida. ¿Por qué iba a dejarla ir cuando pudo hacer lo que quiera con las dos? —Su risa era cruel, más parecida a la de una bestia que a la de un ser humano, aunque aquel ser no era ninguna de las dos cosas—. Escucha bien, mocosa: haré lo que quiera contigo, pero tendré piedad con tu hermana. A ella la mataré para que no tenga que ver sufrir a su querida hermanita.
El vampiro se acercó lentamente a la cama sin ceremonias y saltó sobre el viejo colchón, quedando a escasos centímetros de ellas. Las miró a ambas, a cada una de forma distinta: a Alysa con burla, a su hermana con una mirada ansiosa, depredadora.
 — ¡Nooo! —Gritó Alysa mientras el vampiro se acercaba al cuello de su hermana—. ¡Detente, por favor!
Alysa se revolvió con desesperación, tratando de zafarse de las cadenas que la oprimían pero era inútil, el acero era fuerte y no cedía ni un poco a sus intentos de soltarse. Se sentía desesperada, incapaz de apartar la vista, viendo con impotencia como aquel monstruo se arrodillaba frente a su hermana.
—No hagas eso, pequeña. Solo te harás daño —le dijo el vampiro mirándola fugazmente, su atención pronto volvió a la menor que la miraba aterrorizada, viendo su propio reflejo en los salvajes ojos de su verdugo—. Tranquila, será rápido.
— ¡Hermana! —Gritó Alysa con todas sus fuerzas, pero ya era demasiado tarde.
El vampiro mordió el cuello de su hermana con fuerza, clavando sus colmillos en su rosada piel. Su hermana lanzó un chillido de terror, tan intenso que le dolieron los oídos pero no le importaba, preferiría quedarse sin ellos si con eso pudiera evitar su muerte. Alysa lloraba de impotencia mientras se revolvía, viendo a su hermana pequeña retorcerse de dolor, gritando con toda la fuerza de sus pulmones.
La agonía no duró mucho más. Los chillidos de su hermana cesaron con un gorjeo ahogado. Su cuerpo dejo de moverse, la cabeza echada a un lado miraba a Alysa pero en sus ojos ya no había luz. Se había ido, su hermana ya no sufriría más.
 El vampiro siguió succionando la sangre de su hermana un poco más, insensible ante el hecho de que su víctima hubiese muerto. Cuando se separó de ella, su mirada era de lujuria animal y su boca estaba manchada de sangre, la misma sangre que había pertenecido a su hermana, del mismo color rojo intenso de sus ojos.
—Tu hermana estaba deliciosa, la sangre de las niñas es la mejor sin duda —respondió con voz placentera a la vez que se limpiaba la sangre con la manga de su raída camisa. Clavó sus ojos en ella, no había ni rastro de compasión o culpabilidad por lo que había hecho—. No me mires así, te hice un favor. No puedo encargarme de las dos, una neófita ya es difícil de controlar. Créeme, he hecho lo mejor para ti —se acercó más a ella, tanto que habría notado su aliento de tenerlo—. Después de lo que voy a hacerte, me estarás agradecida.
Alysa ya no le escuchaba, su mente había quedado en shock. No fue consciente de como el vampiro arrancaba las cadenas que la aprisionaban, ni de cómo se cernió sobre ella y clavó sus colmillos en su cuello. Solo sintió un pinchazo y, instantes después, la sensación de succión. Todo acabo muy deprisa.
El vampiro se levantó de la cama y se marchó sin decir nada, dejándola sola en aquel sótano oscuro y fúnebre, al lado del cadáver de su hermana pequeña. Nust la dejo ahí, postrada en la cama, incapaz de moverse y con la mente perdida en su pasado, en aquellos momentos en los que había sido feliz.
Minutos después Alysa experimentó el cambio y con él llegó el dolor. Alysa soltó un chillido agónico, un dolor intenso se extendió por su cuerpo, quemándola por dentro y cambiándola. Cayó al suelo, retorciéndose entre chillidos, sentía como si la sangre le ardiera en las venas, como si su cuerpo se estuviera rompiendo por completo. Sufrió esa agonía durante mucho tiempo hasta que el dolor cesó, liberándola de su castigo y, entonces, cayó en las garras del sueño. El cambio ya estaba hecho.
Cuando recobró la consciencia lo primero que sintió fue una sed terrible, como si llevará días sin beber nada, como si su garganta fuera un pozo seco sin agua. Aquello era mucho peor que el dolor, se sentía más débil a cada minuto que pasaba y su cuerpo le parecía cada vez más pesado.
En aquel momento la puerta se abrió y por ella entró Nust, complacido al verla despierta.
—Así estás mucho mejor —dijo con una sonrisa repugnante y tiró algo frente a ella. Alysa no necesitaba verlo, podía oler la sangre aunque no la viera—. Te he traído comida.
Alysa no lo escuchaba, en su mente solo se repetía un único pensamiento, una orden inconsciente que ordenaba ser cumplida. Sus ojos estaban inyectados en sangre y estaban fijos en Nust, el vampiro que le había arrebatado todo y que la había convertido en lo que era.
Llena de odio, Alysa se lanzó sobre Nust con un chillido terrorífico. Él no lo vio venir, la creyó demasiado débil y ese fue su error. El odio le había dado fuerzas, la venganza la llevaba a moverse con furia asesina. Alysa apretó con fuerza la garganta de Nust con ambas manos, él no pudo reaccionar a tiempo. Con un crujido desagradable, la cabeza se separó del cuerpo y cayó rodando al suelo, con los ojos y la boca abiertos para siempre en una expresión de sorpresa mortal.
Todo había terminado, ahora su familia podría descansar en paz. Alysa se había quedado sola y ahora era una vampiresa, eternamente joven y para siempre maldita. Ya no se casaría como quisieron sus padres, ya no podría flirtear con muchachos como ella misma deseó, ya no podría ver crecer a su hermana y aconsejarla. Su vida estaba rota.
Miró una última vez al cuerpo de su hermana, después hizo lo único que podía hacer: alimentarse. Bebió del cuerpo de la mujer con avidez, con lujuria, incapaz de frenar su instinto, perdiéndose con gusto en la sed. Instantes después se marchó, salió por la escalera y todo quedó en silencio.
Nadie conoce la historia salvo yo. Estuve allí, mirándolo todo desde el armario, demasiado asustado para hacer nada. Yo la vi nacer, yo fui el único testigo que la vio convertirse en el monstruo que atormentó Inglaterra durante décadas. Aún la recuerdo, su imagen no es algo que pueda borrar de mi mente.
Fui el único que la conoció antes de convertirse en leyenda, antes de que asesinara a vampiros y humanos sin distinción, antes de que su reinado de terror se extendiera por toda Inglaterra. Para los vampiros era una genocida, para los humanos el lejano rumor de la muerte. Muchos maldijeron a Nust por lo que hizo y aún hoy siguen maldiciendo su nombre.
Esta es la historia de una chica que se convirtió en monstruo, de cómo la inocencia se volvió maldad, de cómo la soledad se volvió odio. Esta es su historia, la historia de Alysa, la dama sangrienta.


                                                                       Antonio Galindo López (@antoniogl_94)

sábado, 25 de julio de 2015

Relato-Reflexion - Hubo un dia que la muerte

Hubo un día en el que la muerte, hastiada tras milenios de labores, se dirigió hacia su siguiente destino. En un apartado bosquecito, en el que la luna brillaba de dia y el sol acunaba las noches, le esperaba su siguiente cliente.
En una casita en medio de ese bosque un anciano esperaba su cita marcada, esperaba el destino que se volvía inevitable, el único momento, la única vivencia, que a pesar de sus años no podía retrasar. Más no se hallaba solo en su vieja casita.
Este no era un lugar triste, amargado y deprimido lejano de la sociedad, como se encontraba la muerte en cada uno de sus trabajos, era un manantial de vida, de alegría, de sentimientos que surgía de todas y cada una de las personas que se encontraban en su interior.
La muerte no podía demorar más su cita, y con sus huesudos y largos dedos dio tres golpes a la puerta. Al instante, casi como si le estuviese esperando al lado de la puerta el anciano le abrió. En él no se lucía una triste y deprimente expresión, más bien una amplia y radiante sonrisa con la que invito a la muerte a entrar en su casa.
Una vez dentro, con una copa en la mano y rodeada de docenas de personas gritando, riendo y cantando su cliente le invitó a tomar algo. Cuando el anciano se sentó frente a su más ansiada invitada no pudo sino percatarse del semblante de su rostro.
-¿Qué te aflige, vieja amiga? ¿A qué viene esa cara tan larga?
-Siempre, allá donde voy, únicamente llevo tristeza. Nunca nadie me recibe con una sonrisa, como una vieja amiga. Todo son llantos y lamentos, incluso de quien en vida no les hablaba. En cambio aquí, todo es distinto.
-Ese es el error de nuestra sociedad. ¿Por qué tu visita debe entristecer a las personas? Como veras en mi casa no opinamos así. Para nosotros el cuento es distinto. La gente te ve como aquello que les arrebata la vida, la que limita su tiempo en este mundo. Pero yo nunca lo he visto así. Cuando pensaba en ti antes de este momento te veía como una amiga a la que tarde o temprano tendría que visitar, y con eso no hacia más que afianzar mis ganas de vivir.
<Cuando el miedo debilitaba mis decisiones pensaba en ti, en que cada segundo que pasaba te encontrabas más cerca, y que quería tener bellos recuerdos que contarte, por lo que debía decidirme sin temerle a nada. Tú nunca has sido la limitación de mi vida, has sido el cartel que me avisaba que debía vivirla. Por miedo a recibirte demasiado pronto nunca me callé lo que sentí, siempre exprese mis sentimientos. Llore cuando quería llorar, grité cuando quería gritar, reí cuando quería reír y amé cuando quería amar.  Con tu lejano recuerdo besaba todos los días a mi amada, poniendo pasión en cada uno de los besos, pues nunca sabia cual podía ser el último. Pensando en ti viví cada día como si fuese el ultimo disfrute de cada segundo con mis seres queridos, tome todas las copas que podía tomar con mis amigos, viví mil aventuras en forma de libro, viaje alrededor del mundo. Todo ello para tener bellas anécdotas que contarte.
<Mi vida tal vez no fue un rosario de aciertos. Tuve fallos, tropecé, me caí, me hundí en el fango de la desesperación, pero me levante. No podía dejar que tú, mi vieja y nueva amiga, me llevases en mis peores momentos. Si me llevabas que fuese cuando más he disfrutado. Porque para mí no eres el final, amiga mía, no eres el límite de mi vida, eres lo que me ha impulsado a vivir mi vida como quería, sin arrepentirme de nada y disfrutando de cada acierto y de cada error ¿Acaso no es en el fondo ese el sentido de la vida? No comprendo porque nos calentamos la cabeza con las típicas preguntas filosóficas como la del sentido de la vida, cuando la vida en realidad es un sinsentido, nada tiene lógica, y eso es lo bonito que nos podemos encontrar. La vida no existe para comprenderla, sino para vivirla, y en eso debo agradecerte amiga mía que me hayas impulsado a vivirla como quería.
<Al menos esa es mi opinión, la de un pobre anciano en su lecho de muerte, pero me he esforzado en inculcarlo en mis descendientes y allegados. No soy un iluso, sé que cuando salga contigo por esa puerta estarán tristes, pero del mismo modo que se eso se también que cuando piensen en mí no habrá lágrimas en sus ojos sino una sonrisa en sus labios, todo gracias a ti. Por tu lejano eco he conseguido alcanzar el verdadero significado de la vida, y no es el éxito al uso que nos venden. Es conseguir que la sonrisa sustituya a las lágrimas, conseguir que el final sea un principio, conseguir que el dolor sea alegría y que un funeral no sea un réquiem a la muerte, sino un templo de la vida.
Con estas palabras el anciano tendió su mano a su fría amiga, y mientras se encaminaban juntos a las puertas de la casita le iba contando el millar de anécdotas que tenía, el millar de aventuras que había vivido. Pues para ese anciano la vida era más simple de lo que pintaban, simplemente había que abrazar el miedo a la muerte, hacerle tu compañera y llevarlo contigo como recordatorio, pues para morir, primero debes de haber vivido
Solo debes recordar que a la muerte hay que temerla, pues supone el fin de las cosas, hay que respetarla, pues nos afecta a todos por igual, pero no hay que estar triste. La muerte no es más que un recordatorio, una muestra de que la vida, como todas las cosas buenas, tiene un final, y por tanto debes vivir cada segundo como si fuese el único, para que cuando mueras los llantos por tu pérdida se conviertan en las risas por tu vida. Y cuanto mayor sea la fiesta para celebrar el haberte conocido sabrás que has vivido una vida plena, no porque tengas dinero ni pertenencias, porque has llegado al corazón de la gente, porque tienes personas que te quieren, que celebran el haberte conocido.
Y a los que me conocen recordad mis palabras, cuando muera, como dijo el poeta “Ojala rodeado, enfermo y cansado”. Ojala tras una larga y prospera vida, pero en ese momento no quiero que lloréis porque me he ido, porque he muerto, alegraos porque había venido, porque había vivido.

José Carlos Ortega Díez (@Orteguilla25)

martes, 21 de julio de 2015

El fuego en la Noche: El Escuadron de Los Lobos

En el cielo aún quedaban girones de las nubes de tormenta que, hasta hacía apenas unas horas, habían poblado el cielo, llenando el suelo de agua, que no tardo en convertirse en denso barro.
A pesar de haber llovido, era tal la belleza del paisaje donde se encontraban que alguno de los guerreros, los más novatos, se encontraban maravillados observándolo, mientras que los más veteranos únicamente podían pensar en cómo quedaría al acabar la batalla. De estos, pocos se paraban más de unos segundos para admirar el paisaje, estaban más preocupados de afilar sus armas y comprobar que sus armaduras y escudos estaban en perfectas condiciones, a pesar de estar llenos de arañazos y surcos.
Doce mil hombres se habían desplegado para presentar batalla, pero sus enemigos no eran otros que las hordas de cortzs, antaño humanos corrompidos por el poder del mal, que los convirtió en semi-demonios, mas rápidos y fuertes que los humanos. Los únicos entre los humanos que eran capaces de reducir las capacidades de los cortzs eran los magos, pero estos no abundaban. Siglos atrás, cuando la magia aun poblaba el país de Fusniro, no era difícil encontrar a algún mago o brujo, algunos más poderosos que otros, pero todos capaces de hacer frente a los cortzs. Ahora en cambio era difícil encontrar más de un centenar de magos, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de estos no querían participar en las guerras contra los cortzs.
Lo que si abundaban eran voluntarios que se prestaban a combatir a sus acérrimos enemigos. Por desgracias la mayoría no tenían los recursos suficientes como para permitirse sus propias armas y armaduras, por lo que era el rey el que debía proporcionárselas. Muchas de las armaduras mostraban las mellas de la edad y del uso, algunas incluso aun mantenían algún rastro de la sangre de sus anteriores dueños. De estos voluntarios la mayoría no tenía preparación, por lo que suponían más un estorbo que una ayuda.
Pero de estos doce mil hombres todos habían sido entrenados, puede que muchos no hubiesen entrado todavía en combate, pero sabían lo que debían hacer, aunque desconocían el poder de sus enemigos.
            Los soldados  humanos se dividían en grandes compañías de mil hombres, dirigidas cada una de ellas por un general, subordinado a su vez de un general supremo, que en esta batalla era el rey Firtos. Cada compañía estaba agrupada en divisiones de cien guerreros, dirigidos por un capitán y cada diez hombres formaban un escuadrón y era dirigido por un teniente.
            Retsi, el teniente de Los Lobos, uno de los escuadrones de la tercera compañía, se encontraba sentado encima de un tronco afilando su espada junto con sus compañeros. Su escuadrón tenía encargado defender el centro del ejército humano junto con su compañía, formando parte de la guardia de batalla del rey, entre los guardianes y los arqueros. A su alrededor, los nueve miembros restantes de su compañía, se preparaban para el combate, aunque todos estaban pendientes del único novato que formaba parte de su compañía
            -¿Contra cuantos cortzs nos enfrentamos hoy?- Pregunto Retsi mientras comprobaba cuan afilada estaba su espada cortando el vello de su brazo.
            -Según me han dicho serán unos mil- respondió uno de sus compañeros mientras comprobaba las correas de su armadura.
            -Entonces los masacraremos, los superamos en doce a uno- respondió el miembro más joven de su escuadrón, entusiasmado por entrar en combate por fin.
            -Se nota que es la primera vez que combates contra ellos Gort, yo no me sentiría seguro hasta superarles treinta a uno, como mínimo, y solo si contásemos con un centenar de magos, no con una decena como tenemos. Tendremos suerte si hoy salimos un cuarto de nosotros con vida- respondió Retsi mientras guardaba su espada en la vaina y empezaba a comprobar el correaje de su armadura.
            Las palabras cayeron como un mazo sobre el joven guerrero, llevaba poco tiempo junto a sus veteranos compañeros pero había aprendido que si ellos consideraban que tenían pocas posibilidades lo único que podía hacer era intentar no quedar mal durante el combate y así evitar que su escuadrón quedara mal, únicamente podía luchar hasta el final. Había ocupado un gran puesto en el escuadrón, el guerrero al que sustituía no solo había sido un guerrero experimentado, era uno de los guerreros más afamados del ejercito del rey Firtos, y murió en emboscada llevada a cabo por los cortzs en la que consiguió llevarse consigo a dos de sus enemigos.
            De entre sus compañeros al que más admiraba era a Retsi, por lo que había descubierto apenas tenía veintiséis años pero llevaba ya tanto tiempo luchando que se había ganado el respeto de todos los miembros de su compañía. No era ni alto ni bajo, ni musculoso ni débil, pero según le habían contado sabía dirigir sus golpes hacia los puntos flacos de sus rivales con tal maestría que resultaba casi imposible de esquivar, aunque con la suficiente rapidez se podían bloquear. Tenía el cuerpo perfecto para ser un guerrero, si fuese demasiado bajo no podría acertar los puntos clave de sus enemigos, la altura lo que haría era proporcionar más espacio para que sus enemigos atacasen. Los músculos le ralentizarían, pero si fuese escuálido no tendría la fuerza para dañar a los cortz
            Poco se conocía del pasado de Retsi, únicamente se sabía que un día apareció en el ejército para alistarse y desde entonces se había dedicado a luchar. Habían pasado seis años desde que se alistara y sorprendentemente había rechazado un puesto de capitán, según decía era demasiada responsabilidad, aunque si acepto el cargo de teniente de su escuadrón.
            De repente se oyeron unos cuernos a lo lejos, los llamaban a las armas, la batalla no tardaría en empezar. Los hombres sabían dónde tenían que colocarse por lo que fueron rápidamente a sus puestos.
            El escuadrón de Retsi se encontraba cerca del frente del ejército. Delante de ellos se encontraban los soldados más curtidos en el combate, a sus espaldas los menos hábiles y experimentados. El enemigo no tardó en aparecer, cuando Gort los vio emerger comprendió a que se refería Retsi. Los cortzs eran casi dos veces más grandes que el humano más grande del ejército. Llevaban armaduras negras aunque todos  eran blancos como la cal, algunos tenían incluso cuernos, no en vano eran descendientes de antiguos hombre que habían sido sucumbidos por el mal y eso conllevo que con el paso de los siglos se fueran deformando. Aunque algunas teorías decían que eran fruto del cruce entre hombre y demonio.
            Antes de que los cortzs se acercaran a las posiciones humanas el teniente Retsi salió de la formación para hablar con uno de los tenientes que se encontraban en la retaguardia encargados de los arqueros.
            -Tuisto, que tus hombres no dejen de disparar sus flechas, cuantos más podamos derribar desde distancia mejor- dijo antes de girarse. Cuando estaba a punto de volver a su posición dijo- si hace falta manda a alguno de los jinetes para que consigan más flechas en el castillo más cercano, pero que no dejen de llover los proyectiles sobre ellos.
            Cuando Retsi volvió a su puesto en la formación los cortzs ya estaban a punto de llegar al frente humano. Las flechas apenas tardaron en volar hacia el enemigo, pero para sorpresa de los soldados los cortzs apenas se inmutaban cuando una flecha se clavaba en sus armaduras, ni siguiera cuando se clavaba en alguna parte de su cuerpo que estuviese sin proteger.
            Algunos aparecían con hasta diez astas de flechas clavadas y sin dar apenas signos de dolor. La carga de los cortzs no se hizo de esperar, las primeras filas de la formación humana temblaron ante la fuerza del ataque enemigo, y aunque trataron de resistir heroicamente cayeron frente a las armas demoniacas.
            Los soldados humanos luchaban mientras las flechas seguían cayendo, poco a poco las flechas consiguieron matar a alguno de los cortzs por la cantidad de impactos que recibían, y los que se encontraban en las primeras filas empezaron a caer por la gran cantidad de heridas que sufrían. Pero aun así no era suficiente para diezmar a las fuerzas enemigas mientras que los humanos seguían cayendo en masa.
            Los cortzs no tardaron mucho en abrirse paso hasta la posición en la que se encontraba el escuadrón de Retsi. La mitad de su compañía estaba formada por lanceros por lo que podían mantener más tiempo a los cortzs alejados, no en vano tenían que evitar que se acercaran al rey Firtos. En menos de una hora de combates ya habían caído cerca de cuatro mil humanos frente a los doscientos cortzs que, con suerte, habían muerto.
            Cuando los cortzs estaban a punto de romper las defensas de la compañía de lanceros, los arqueros dejaron de disparar, eso solo podía significar dos cosas, o se habían quedado sin flechas o la caballería estaba preparada para cargar. La respuesta llego rápida, a ambos flancos se empezaron a oír los cascos de los caballos. Que los jinetes cargaran significaba que los magos estaban preparados, a lo lejos se empezaron a oír las explosiones lejanas en la retaguardia de los cortzs. Los jinetes servían de distracción mientras los magos se concentraban. La altura que les proporcionaban los caballos les permitía mirar a sus enemigos a la cara, e incluso alguno de los más hábiles conseguía matar cortzs decapitándolos.
            La carga de caballería y el ataque de los magos supusieron un aumento en las perdidas de los demonios pero ya era demasiado tarde para los lanceros, los cortzs habían roto la primera línea. Los soldados se defendían con valentía pero apenas conseguían herir a sus enemigos. El escuadrón de Retsi se encontraba casi al final de la compañía, pero eso solo significaba que sus enemigos tardarían un poco en llegar.
            La retaguardia de la compañía eran los más cercanos al rey por lo que  tenían la función de guardianes. Poseían unos grandes escudos que podía cubrirles casi en su totalidad así como una larga lanza con punta de acero que atravesaba con mayor facilidad las armaduras enemigas.
            Rápidamente los cortzs llegaron a los guardianes, estos consiguieron demorar el ataque enemigo.
            El ataque fue de una rapidez y una brutalidad tal que sorprendió a la mayoría de los soldados que pensaban que podían tener un mayor respiro. Pese a ser su primera batalla     Gort se defendía bastante bien e incluso había conseguido herir un par de veces a un cortz, pero eso no basto para evitar que el cortz que tenía delante le agarrara del escudo y se lo quitara.
            Gort miro a su rival mientras este alzaba el brazo de la espada, poco podía hacer para defenderse así que bajo la cabeza esperando el golpe que acabara con su vida, aunque intento poner a tientas su espada en el camino. Pero este golpe nunca llego, cuando alzo su vista para ver qué había pasado se encontró con la espalda del teniente Retsi que había recibido el impacto, un impacto de tal magnitud que le corto no solo la armadura sino también la cota de mallas y le hizo un corte profundo en el pecho.
            Retsi empezó a caer y poco a poco se hizo menos consciente de lo que ocurría a su alrededor, malamente vio como Gort se vengaba cortando la cabeza del cortz.
            Poco a poco empezó a sentir un gran frio que contrastaba con el calor que le daba la sangre que brotaba de la herida en su pecho. Sus piernas empezaron a fallar, ya no podían sostener su cuerpo, que empezaba a pesarle cada vez más, su visión se nublaba. El pecho le ardía con cada bocanada de aire que intentaba dar.
            Ni siquiera noto cuando tocaba el suelo, simplemente se encontraba allí, tumbado entre los cuerpos de sus compañeros y de los demonios.
            De pronto todo paso, ya no se oía el clamor del combate a su alrededor, ya no le ardía el pecho, ni sentía frio, su visión fue recuperándose poco a poco y no se encontraba en un campo de batalla, ni siquiera se encontraba en ningún sitio, simplemente podía ver una luz cegadora, cálida que le recorría todo el cuerpo.
            ¿Sería esa la sensación que se tenía al estar muerto?


Jose Carlos Ortega Diez (@Orteguilla25)

martes, 14 de julio de 2015

Relato - Acertijos en la Niebla

Se cuentan muchas historias sobre la niebla. Algunos dicen que es un fenómeno atmosférico surgido por la condensación de gotas de agua que enturbian la visibilidad, otros que es el velo que oculta los misterios que no deben ser descubiertos y quizás unos pocos crean esto último, que es el presagio de la llegada de un personaje cuanto menos peculiar: Acertijo. Nadie conoce su existencia ni puede asegurarla, más con esa palabra se conoce a este ser desconocido. Se desconoce si es un hombre o una mujer, ni siquiera si es una criatura terrenal, pero son muchas las historias que hablara sobre él o ella.
            No se sabe cuándo llegó ni de donde procede, simplemente un día apareció de entre la niebla y formuló su legendario acertijo. Este ser aparece durante las noches en que la niebla cubre un lugar del mundo al azar y se presenta ante personas que estén solas. No fuerza a nadie a participar en su juego; todo lo contrario, pues la libertad siempre pertenece a aquellos que lo ven. Quienes deciden no participar pueden ir en paz pero nunca lo olvidan, tal es así que tarde o temprano un nuevo encuentro con Acertijo vuelve a producirse y al final es este ser quien gana.
            El reto que propone este personaje a sus elegidos es el siguiente: resolver un acertijo. No parece algo preocupante, ¿verdad? Un simple acertijo no hace daño a nadie suelen decir, más para esta criatura los acertijos son el objeto de su existencia. Solo hay dos reglas en el juego: si aciertas, te concederá un deseo, da igual lo que pidas este ser te lo concederá; pero pobres de aquellos que fallan, pues jamás se les vuelve a ver. Quizás esto último tache de malvado a este ser, pues incontables son sus víctimas o más bien los desaparecidos.
            No es un reto para cobardes, intrépidos suelen tomar su reto pero pocos son los que lo consiguen. Una vez alguien consiguió resolver uno de sus acertijos y se le concedió la vida eterna, otro afortunado que sobrevivió al reto vivió una vida colmada de riquezas. El juego es justo pero arriesgado, más no a muchos espanta. Bien es sabido que la codicia es la debilidad de la humanidad, muchos se dejan arrastrar por ella y al final esa es su perdición. Querer cosas está bien, pero dejarse llevar por el deseo de poseer algo es la trampa que Acertijo tiene a aquellos que lo ven. No hace falta ser codicioso para caer en su trampa, pues basta con solo querer una cosa para sentirte tentado a participar en su juego.
            Acertijo no hace distinción entre sus elegidos, pues cualquiera puede ser partícipe de su prueba: niños, adolescentes, adultos, ancianos. Da igual, desde el momento en que te encuentras con la niebla quedas en sus manos. Os contaré el relato de quizás el más valiente que le hizo frente.
            Una noche de invierno con el cielo cuajado de estrellas, la niebla hizo su aparición y, con ella, Acertijo. No sabía a quién atrapo esa vez en su juego pero sintió una presencia, se sorprendieron él y su próximo retador al verse cara a cara. Era un chico joven, un adolescente de 15 años. No era muy distinto a cualquier otro que hubiera visto: pelo castaño, ojos color beige, alto y asustado. Es normal que el muchacho estuviera aterrado, nunca antes había visto a alguien como Acertijo.
            Se trataba de un ser cubierto por una capa negra, no se acertaba a ver nada de su cuerpo más allá de esta. Sus ojos eran dos círculos blancos, brillantes. No se veía su rostro, tan solo una máscara dividida en dos partes: la mitad izquierda negra, sonriente, y la mitad derecha blanca, entristecida. El muchacho no dijo nada, esperó a que Acertijo hablase.
            —Saludos, joven mortal —su voz era como un soplo de aire frío, como una voz perdida en la niebla—. Tengo un acertijo para ti, pero tú eliges si hacerle frente o no. Si triunfas, se te concederá lo que quieras, pero si pierdes, dejarás de existir. ¿Aceptas mi reto o huyes de él?
            El muchacho no respondió enseguida. La oferta era tentadora, pero no estaba seguro de hacerle frente al acertijo, entonces se le ocurrió algo que podría sacarle del problema. Era arriesgado, pero merecía la pena intentarlo.
            —Veo que te gustan los acertijos, ¿pero serías capaz de resolver uno? Te propongo algo: si aciertas mi acertijo, me someteré a tu prueba; pero si fallas, tendrás que concederme mi deseo. ¿Aceptas mi reto o huyes de él?
            Acertijo se sorprendió por la osadía del muchacho. Era su juego y solo él ponía las reglas, más le pareció divertido y no le preocupaba en absoluto perder. No había acertijo que no pudiera resolver.
            —Eres valiente, nunca antes un mortal me había retado —su voz tenía el mismo tono, más podía adivinarse cierta diversión en sus palabras—. Acepto lo que me propones. Veamos cuál es tu acertijo.
            El muchacho sonrió, feliz de que su treta hubiera funcionado. Sabía muy bien que acertijo formularía, uno que ni siquiera aquel ser sería capaz de adivinar. Con confianza en sí mismo, el muchacho volvió a hablar.
            —Está bien, este es mi acertijo: “Siempre está ahí pero no lo puedes ver, presente desde el inicio hasta el final de la vida. No tiene forma ni voz ni rostro, más jamás podrás librarte de él porque te acompañará como tu propia sombra. ¿Qué es?”
            Acertijo no hizo nada. No rió, tampoco respondió al instante. Permaneció un tiempo en silencio, meditando la respuesta a aquel acertijo. Podía tener muchas respuestas, más debía escoger la adecuada. El silencio se extendió por la niebla como un soplo gélido, como la esperanza perdida de todos aquellos que fracasaron antes que el chico. Tanto Acertijo como el muchacho dejaron que el tiempo pasase, el primero meditando la respuesta, el segundo esperándola.
            Cuando se creyó preparado para responder, Acertijo clavó sus ojos en el muchacho, creyéndose victorioso, e hizo algo que nunca antes había hecho: mostró una mano que hacía siglos nadie veía. Una mano envuelta en vendas surgió de la capa, un dedo blanco como el hueso señaló al muchacho.
            —Tu acertijo es digno de mi respeto, más fácil ha sido encontrar la respuesta. El silencio es mi elección, siempre presente en la vida y lo único que queda al final.
            El chico sonrió.
            —Siento decirte que no has acertado, el silencio podría ser la respuesta pero no la que yo buscaba. La respuesta es el miedo, algo que una criatura como tú dudo que sea capaz de sentir y, precisamente por eso, no pensaste en que esa podía ser la respuesta.
            Acertijo no dijo nada, el muchacho esperaba su ira por haber fallado en su propio juego. Eso nunca llego a suceder.
            —Has sido astuto, cierto es que no esperaba esa respuesta. Me declaro vencido, ¿qué deseas, joven mortal?
            Lo había logrado, sobrevivió al juego de Acertijo y podía pedir lo que quisiera. ¿Qué creéis que pidió? Lo único que Acertijo jamás había esperado oír.
            —No deseo riquezas ni vida eterna, vine aquí con la intención de acabar con tu diversión en este mundo —lo apuntó con un dedo desafiante y habló lleno de confianza—. He sido el ganador de tu juego y ahora esta es mi petición: no volverás a aparecer en este mundo. Vuelve al lugar de donde viniste y deja que la niebla vuelva a ser lo que era. Se acabó, Acertijo.
            Por primera vez en toda su existencia, Acertijo se quedó sin palabras. No dijo nada, en silenció llego y en silenció fue como se marchó. Desde entonces nada se ha vuelto a saber de este extraño ser, más aún se respetan los acertijos en respeto a su memoria.
            Los acertijos son retos dignos de aquellos que se atreven a resolverlos, pruebas que las grandes civilizaciones usaban para medir la inteligencia y la valentía. Así fue como terminó la historia de Acertijo, ¿pero que fue del muchacho que lo venció? La historia no conoce su nombre ni de dónde, más muchos lo apodaron con un adjetivo, por la cualidad que mostró en aquella ocasión: Astucia.
            Aquí dejo el último acertijo: “La fuerza no es su mayor cualidad, más vencerás siempre que la lleves contigo. ¿Qué es?” ¿Seréis capaces de resolverlo?

                                                                       Antonio Galindo López (@antoniogl_94)

lunes, 13 de julio de 2015

Relato - Joven Aventurero

Con el clamor del amanecer, con la luz del sol que rompía los girones de oscuridad un sentimiento embarga el corazón del caballero. Tal vez un lejano recuerdo, una excusa, una razón para comprender que era los que estaba haciendo.
La suciedad marcaba su maltrecha armadura, su hogar ya no era más que un lejano recuerdo tras los meses de aventura, lo único que le recordaba los buenos momentos pasados en su hogar era su caballo. Su caballo, el gran compañero en su aventura, sin quejarse, llevándolo allí donde lo requería sin mostrar signo alguno de cansancio.
Y allí, sentado sobre la arena de una playa, con el frio viento acariciando su armadura, no podía sino descansar después de todas sus aventuras.
Saco de sus alforjas aquello que le había impulsado a realizar esa aventura. Un mapa, un mapa sin ninguna marca, pero que había sido su mudo testigo en sus correrías. En él marcadas estaban todas las zonas que había explorado, que no resultaban pocas, pero todavía no había conseguido descubrir donde estaba el tesoro que tanto buscaba, que tanto ansiaba.
Aun recordaba cómo había comenzado su aventura, como esa bruja itinerante le había leído el futuro, como había predicho que, tras varios fallos, encontraría el mayor tesoro de su vida. Pero jamás debía mirar atrás, siempre debía continuar hacia adelante. El, que había comenzado como un joven aventurero sin más arma que un cuchillo, tras varios combates por fin había conseguido armas y armadura. Pero como la bruja le había aconsejado, siempre seguía la sabiduría de su corazón.
Una victoria temprana le había dado la seguridad de coger el camino más sinuoso cuando se le presentaron dos caminos a su elección, por un lado una bella pradera y por el otro un bosque tenebroso. En el bosque mil ojos le observaban, pero ningún enemigo surgía ante él. Finalmente llego a la primera ciudad que se encontró en su aventura. Grande fue su sorpresa cuando al entrar no encontró a nadie, al menos hasta que llego a una plaza abandonada.
Una figura con un gran mandoble le esperaba, un gran troll que se había asentado en la plaza sin más protección que su piel desnuda, que resultaba más dura que una armadura. Su caballo, su gran compañero, lo esperaba fuera de la plaza.
El aventurero afianzo los pies cuando su enemigo arremetió contra él. Consiguió esquivar las estocadas, pero poca esperanza tenia de derrotarle con una simple daga, atravesar su piel dura como el acero. Pero el troll, golpe tras golpe, se volvía más débil, y al fin, el aventurero descubrió una zona en la que su piel no le protegía, una pequeña hendidura a la altura del pecho. Ágil y veloz dirigió su daga hacia la zona, haciendo que el enemigo cayese inerte a sus pies.
Allí donde el troll se encontraba instantes antes sentado había un enorme cofre. El joven aventurero se acercó, ansiando que fuese su tesoro, pero en este no descubrió su ansiado tesoro. Dentro encontró una esbelta armadura. Ignorando los dolores y las numerosas heridas se puso la armadura y se dirigió hacia su caballo.
Su corazón como guía le llevo días después a entrar en una cueva. En las profundidades se oían ruidos extraños, y una furtiva sombra apareció, pero al instante desapareció al ver al joven aventurero con su esbelta armadura, ya manchada por la suciedad del camino. Algo brillaba allí donde había estado la sombra del enemigo huido, una afilada espada y un robusto escudo le esperaban.
Y su camino le llevo a la playa, desde la que veía su próximo objetivo. Un lejano castillo se alzaba, y ya armado y protegido, descansado y alimentado, podía acercarse a él tras conseguir armas y armadura, ya sin miedo podía avanzar.
Algo en su interior le gritaba que se encontraba cerca de su destino, aunque sabía que no iba a resultar fácil conseguir su tesoro, pues un último enemigo debería de enfrentar. Su caballo se negó a entrar al castillo, ya en ruinas y demacrado, no le quedaba otra que entrar a pie por los astillados portones.
Nada más entrar algo le ataco como un rayo, una gran cola de escamas que como un látigo actuaba. Ante el un dragón se erguía, lanzando rojizas llamas por su boca. El escudo resistía el calor y el fuego, como si hubiese sido creado únicamente para ese momento. Sus antiguas heridas volvían a sangrar, pero aun así, ciñendo su espada, al ataque se lanzó.
Pero duro era el rival al que se enfrentaba, en tamaño, fuerza y rapidez le superaba y ningún rasguño podía causarle. Una dura batalla comenzó, que parecía que no iba a acabar. Cada golpe volvía al joven caballero más débil, causando apenas rasguños a su rival.
Los propios escombros le servían de escudo cuando el dragón escupía sus llamaradas. Las horas se sucedían, su espada se encontraba en el suelo quebrada y únicamente contaba con el escudo. A sus espaldas la pared le presionaba y su rival se acercaba.
Entonces recordó las palabras que la bruja le había dicho, y miro hacia delante. Por fin, tras meses de búsqueda, frente a él su tesoro se alzaba, pero el dragón aún se encontraba en su camino impidiendo que llegase hacia él.
La locura embargo su mente, tan cercano al tesoro, y tan lejos de sus manos, no le quedaba más que atacar. Soltó su escudo, y cogiendo la daga con ambas manos se lanzó contra su enemigo. Nunca supo que es lo que paso, su rival, simplemente desapareció.
Por fin se encontraba frente a frente con su tesoro, y se acercó a él, pero este, cual ave veloz, al verlo acercarse huyo. El caballero corrió tras el tesoro, pero su armadura le entorpecía, únicamente podía hacer una cosa si quería conseguir su tesoro. La armadura que le había guardado la vida dejo atrás, en el quejumbroso castillo dejándola olvidada.
Por fin a su destino se podía acercar y el tesoro conseguía alcanzar. Mas este no estaba formado ni por oro ni por joyas, su tesoro era una bella dama que de su presencia huía. El cansancio  ya ni lo notaba, únicamente su tesoro vislumbraba. Por fin, tras un rato la alcanzo y ella por fin le reconoció.
La armadura le había vuelto distinto, fiero, pero ante ella volvía a ser el joven apuesto, el aventurero que su destino encontraba. El destino encontraba pues era el amor lo que en el fondo buscaba.
José Carlos Ortega Díez (@Orteguilla25)

domingo, 12 de julio de 2015

¿Qué es Inkdreamers? ¿Qué es el Rincón de los Soñadores?

             El Rincón de los Soñadores es esa parte de este inmenso mundo de internet en la que podemos ser nosotros mismos, los Inkdreamers, los que soñamos con la tinta. Este rinconcito de internet sera donde todo aquel  que tiene el alma de escritor pueda dar rienda suelta a su imaginación.
            Aquí se publicaran los pensamientos de aquellos a los que nos corre tinta en vez de sangre por las venas. Aquí podréis encontrar de todo, relatos, cuentos, poemas, historias, reflexiones, todo aquello que se nos pase por la cabeza.
            Pero ¿Quiénes son los Inkdreamers? Inkdreamers soy yo, Inkdreamers es mi compañero Galindo, Inkdreamers somos nosotros, pero también puedes ser tú, tan simple como si quieres formar parte de nosotros únicamente hay que hacérnoslo saber, nosotros estamos siempre abiertos a todo aquel que quiera colaborar, todo el que quiera podrá postear sus historias con nosotros, sus reflexiones, sus poemas, lo que le pase por la cabeza.
            Y si quieres colaborar con nosotros, pero no quieres escribir rétanos, dinos de que quieres que escribamos y lo haremos.
            Sin más, bienvenidos a nuestro Rincón de los Soñadores, soñemos juntos un millar de historias.

José Carlos Ortega Díez (@Orteguilla25)