miércoles, 23 de septiembre de 2015

Relato-Reflexión - La magia de las pequeñas cosas

Que vista, desde lo alto de mi torre de cristal. Desde aquí puedo ver todo lo que se extiende a mis pies, pero nadie puede verme a mí. Los humanos están tan absortos con sus modernidades que han perdido la capacidad de verme, la capacidad de sentirme.
Durante milenios las antiguas civilizaciones incluso me llegaron a venerar como a un dios, nada más lejos de la realidad, solo soy un hombre al que su comprensión del mundo le permite jugar con él a su antojo, moldearlo según mis necesidades, aunque únicamente aquellos que se fijan podrían darse cuenta de los cambios.
Aún recuerdo aquellos años, cuando las civilizaciones eran jóvenes, en las que todos eran conscientes de mi presencia, no eran tan obtusos como para creerse los dueños del planeta, cuando en realidad solo son los insectos a quienes la Madre Naturaleza le permite vivir en su piel, a pesar de estar empeñados en destruirla. Ella les cuida como a niños desagradecidos.
Pero en su ineptitud creen que han alcanzado el conocimiento máximo. Pero yo desde mi torre, en la que ellos me han confinado sin siquiera saberlo, puedo ver cómo están equivocados. Si, puede que sean más inteligentes que sus primos simiescos, pero eso no les concede el conocimiento, pues están tan concentrados en su propia auto veneración que no son capaces de ver lo que sucede a su alrededor.
Ya hemos perdido los tiempos en los que la gente se fijaba, miraba a su alrededor, prestaba atención a todo lo que sucedía, era capaz de sentir todo lo que la naturaleza le presentaba.
Ahora las personas están más pendientes de aquello que no ven que de lo que está a su alrededor. Son dependientes de unos trozos de plástico ligados unos a otros a través de la unión invisible, eso que llaman internet. Tienen en su mano la que probablemente sea la mayor invención de la humanidad desde el fuego, pero no saben aprovecharlo.
Eso que ellos llaman móviles, los que podrían ser una herramienta de comunicación, de conocimiento, de aproximación a otras culturas. Lo que podría ser un elemento de cohesión en cambio es un arma de desconocimiento, que incomunica a las personas en pequeños mundos, sin darles la posibilidad de abrirse a nuevas fantasías, a nuevas experiencias más allá de los emoticonos y los mensajes, la mayor herramienta de la humanidad ha terminado siendo el arma que destruya las relaciones sociales, pues cada vez más gente es incapaz de relacionarse sin usar los móviles. Por desgracia hoy dia la única manera que tienen las personas de ser ellas mismas es utilizando el anonimato de internet.
Ya no se paran a ver la primera luz de un amanecer, a escuchar a los pájaros piar al despertarse. Ya no pasean por el campo por el mero hecho de pasear, no huelen las flores, no respiran el aire puro, no utilizan una margarita para “descubrir” si una persona les quiere o no. Ya no quedan con sus amigos solo para hablar, para tomar un café, para disfrutar de la compañía de otras personas, ahora te encuentras a los zombis tecnológicos en las terrazas, iluminados únicamente por el brillo de la pantalla, como si lo que pudiesen ver a través de esa diminuta ventana pudiese ser más importante que la belleza que se desenvuelve a su alrededor. No ven el grácil aleteo de un pájaro, la majestuosidad de los animales, no se tumban en la hierba a observar las nubes a  imaginarse que tienen millones de formas, a disfrutar sin tecnología cerca.
La mayoría ya no se detienen a observar cómo los últimos rayos de sol se pierden por el horizonte, como el astro rey va apagándose en la lejanía, como su eterna amante la luna sale acompañada de corte de estrellas. Ya no se detienen a observar todo esto con la compañía de sus amigos, de su familia, o únicamente de esa persona especial que hace que cada uno de estos momentos sepa diferente, sepa a recuerdo inquebrantable de felicidad.
Quedan ya pocos que disfruten de estos pequeños detalles de la vida, las pequeñas cosas que hacen única la existencia humana, la magia que desprende la naturaleza por sí misma, sin alicientes, sin construcciones, sin filtros. Hay pocos que caminen por el simple hecho de caminar, que miren por el placer de observar, que oigan por el privilegio de oír, que hablen por el simple hecho de disfrutar de una conversación, hay pocos que vivan como la naturaleza les pide vivir. Ya ni siquiera el amor es lo mismo
Y ahora, los demás, los que están absortos con sus móviles sin utilizarlos como complemento y no como necesidad, han dejado de verme a mí, han dejado de ver la magia de las pequeñas cosas
José Carlos Ortega Díez (@Orteguilla25)


4 comentarios:

  1. ¡Que razón tienes!Desde luego la sociedad de hoy en día es muy diferente y no se que decir que no hayas dicho ya porque vamos así va el país y luego dicen que son el futuro de España ...

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    1. Yo creo que hoy dia el principal problema es que no nos tomamos el tiempo para intentar disfrutar de las cosas mas pequeñas, los pequeños detalles, que son los que terminan valiendo la pena

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  2. ¡Estupendo artículo! Mis felicitaciones. No sé si gracias a Dios o a nuestro poder de racionamiento, todavía quedamos esos seres que extrañamente usamos internet y además, nos gusta escuchar el cantar de los pájaros, jugar con mis tres maravillosas mascotas, escuchar como cae la lluvia sobre las hojas de los árboles y el suave aroma a tierra mojada que se cuela por mis ventanas. Por suerte, al llover, he leído tu entrada. De lo contrario, podría estar paseando debajo de mi enorme limonero que me he enamorado de su olor a azahar, de las abejas que vienen a recolectar su polen, el mirlo que me roba los aguacates o los caracoles que se cuelan por cualquier y recóndito lugar durante todo el día y que ahora por obra y gracia del agua que cae del suelo, salen con _"prisas" a vivir lo que les toca. También he mandado un mensaje a una de mis hermanas para saber de ella, invitarla a almorzar y comentarle que aquí llueve. Y al poco, he contestado a mi teléfono para comunicar a mis amigos de la Cruz Roja que me encuentro en perfectas condiciones.

    En el equilibrio está la clave de todo esto, en el privilegio que poseo por vivir en pleno campo, en saber observar la naturaleza y plasmarla con mi móvil para compartirla con los otros. Además, otro factor importante, son los años que poseo que me ayudan a tomar estos artilugios como medios y no como fines.

    Gracias por compartir tus conocimientos. Mi intención era aportar otra forma intermedia que también es posible, factible y hasta beneficiosa.

    ¡Sean felices y sonrían a la Vida!

    Vesta

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    1. Iba a intentar contestar a tu comentario, pero, sinceramente, me he quedado sin palabras. Con comentarios asi, con aportes asi, da gusto seguir escribiendo.
      Muchas gracias, un saludo

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