viernes, 18 de diciembre de 2015

Relato-Reflexión - La Caleta

Un dia más pasa, un dia más que viene y otro que se va. Aquí estoy yo, otra vez sentado en la arena de la playa, en la orillita del mar. El sol está saliendo en el horizonte, su luz se refleja en las aguas del mar con su tranquila marea, sus olas que viene y que van y que traen con ellos el tenue murmullo del mar. La música sencilla que adorna una mañana bonita.
Poco tiempo llevo viniendo a esta playa, apenas dos vistas le he hecho a lo largo de mi vida. Pocas visitas para que, sorprendentemente haya tenido en mí el efecto que ha tenido, jamás me imagine que me enamoraría de unos granos de arena y unas gotas de agua, de unas barcas y dos fortalezas. Dos enamorados que custodian un paisaje que me hace soñar.
A mis espaldas esta la que llaman la Vieja de Occidente. Si Mesopotamia fue la cuna de la humanidad, Grecia la de la democracia, esta ciudad fue la cuna y el faro del arte. Como no se van a convertir sus habitantes en poetas año tras año si tienen ante ellos un paisaje como este, un lienzo de miles de colores que le inspiran para sacar las letras más bonitas.
Incluso ahora, que acaba de amanecer, puedo oír a mi alrededor como la música me llega, las canciones me emocionan, la gente me canta, y mi corazón se desborda. Puedo ver cómo la gente se me acerca, tal vez la conozca, tal vez no, pero eso poco importa porque en esta playa los disfraces son obligatorios, las penas se deja fuera y la alegría se lleva por bandera.
Poco importa quienes sean cuando los que se te acercan comparten tu pasión, tus ganas de reír, de llorar, de disfrutar. Poco importa porque cuando se te acercan te marcan para toda la vida, e incluso hay algunos que, cuando se te acercan, no se separan de ti por muchos problemas que tengas, por muchas tonterías que hagas, por mucho por saco que les des.
En esta playa encontraras el mayor tesoro que tiene su ciudad y su gente, que no es dinero, que no son joyas. Un tesoro que te regalan con forma de música y letra, con el vibrar de sus gargantas, con el latir de sus corazones, con el 3x4 marcado por unos nudillos en un mostrador, con tu cuerpo moviéndose inconsciente con la falseta de un tango, contándote las historias de aquellos que han vivido en este paraíso, mostrándote los duros antiguos, los marineros y su vaporcito, miles de historias que te relatan en forma de coplilla. Si tú, que me estás leyendo, no comprendes la mitad de las cosas que digo, no te preocupes, es simplemente que todavía no has podido conocer el Paraíso. Solo aquellos que lo conocen entenderán mis palabras.
Hoy lo visito solo, pues por desgracia es únicamente en mis recuerdos donde puedo verlo, pues un mundo me separa del Paraíso. Un mundo que se hace menos cada año, cuando con música y letras cierro los ojos y me imagino paseándome por esta misma playa y las calles que le rodean.
Aunque espero que pronto, con el paso de pocos meses, este paisaje, esta playa, esta ciudad, salga de mi imaginación y lo vea otra vez en persona. Espero que dentro de poco la visite, y vuelva a esta playa, pero esta vez no lo haga solo, que esta vez vengan conmigo esas personas que conocí por compartir conmigo la pasión por este paisaje y el arte que aquí se despierta. A mi vera mi pequeña, la que siempre está a mi lado pese a la distancia, la que conozco desde hace poco y mucho a la vez. A mi otro lado mi otra pequeña, que conozco desde hace poco y ahí sigue conmigo.
Pero para los que sigan preguntándose si el Paraíso existe puedo decirles que sí, pero que no deben buscarlo ni en la Biblia ni en el cielo, ni esperarse a la otra vida para poder visitarlo. El Paraíso existe, en el sur de Andalucía, y se llama Caleta.



José Carlos Ortega Díez (@Orteguilla25)

No hay comentarios:

Publicar un comentario