sábado, 26 de marzo de 2016

Reflexión - Pequeños detalles

No es ningún secreto que en la sociedad de hoy se están perdiendo muchos valores importantes como, por ejemplo, el altruismo. En un tiempo pasado, sin ir más lejos la infancia de mis padres o incluso de mis abuelos, era prácticamente normal hacer algo por ayudar a otro desinteresadamente, hacerlo por el mero hecho de ayudar a la otra persona.
Hoy vengo a hablaros de algo relacionado con esto y, que si bien no está en relación directa, sí que tiene algo que ver. El tema de hoy es la generosidad, esa cualidad innata del ser humano, más en unos pocos que en la mayoría, todo sea dicho. Me gustaría contaros algunas experiencias personales, pequeños retazos de mi vida en los que he comprobado de primera mano que la generosidad no es algo que se haya perdido aún.
Lo primero que quiero contaros, ocurrió hará cosa de una semana más o menos. Fui con mi padre a algo tan normal como lo es ir al peluquero, todos hemos ido alguna vez a que nos corten el pelo y, la mayoría, varias veces al año. Mi padre y yo solemos ir a la peluquería Francisco, ya que el dueño es amigo de mi padre y en parte también es amigo mío. La verdad es que hacía bastante tiempo que no iba, desde que mi tía aprendió a cortar el pelo, pero eso es otra historia. Nada más entrar Francisco, el peluquero, me ofreció una de las tantas revistas que tiene siempre preparadas para que sus clientes puedan leer mientras esperan e hice lo propio, leer una hasta que llegara mi turno. En esa ocasión leí una revista de la colección Geo, una revista que escribe artículos sobre distintos destinos turísticos y los analiza desde varios puntos, desde las curiosidades hasta los lugares más importantes, sin olvidarse de la fauna y de pequeños detalles de mayor o menor importancia.
Pues bien, estuve leyendo la revista que, concretamente, trataba de México. Cuando llegó mi turno, Francisco y yo empezamos con nuestra rutinaria conversación de siempre y nos contamos las novedades, él me preguntó cómo me iba en la universidad y yo le pregunté por el negocio. Mantuvimos esa pequeña conversación durante el tiempo que tardó en pelarme, lo que no me esperaba fue lo que ocurrió después. Francisco me ofreció llevarme varios números de la revista Geo para que los leyera, nada de un préstamo sino que quería regalármelas. No era la primera vez que me lo pedía, de hecho me pidió lo mismo la última vez que estuve en su peluquería y un poco después de que entrase esa vez. Tengo debilidad por la buena lectura y mentiría si dijese que no accedí enseguida, también ayudó que dijese que iba a tirarlas y que prefería que les diese un buen uso.
La cuestión es que llegué a la peluquería con las manos vacías y me fui con nada menos que 8 ejemplares de la revista Geo. Cabe añadir que no es una revista barata precisamente, siete euros cuesta cada ejemplar. Vamos, que haciendo números me regaló desinteresadamente unos 56 euros en revistas. La verdad es que me llevé una grata sorpresa, no era algo que me esperaba y me fui de buen humor de la peluquería. En verdad fue por ese acto de generosidad espontáneo por el que me decidí a escribir esto.
Otra ocasión que también recuerdo con bastante cariño fue de cuando mi profesora me regaló mi primer libro sobre runas. Eso ocurrió el año pasado, no recuerdo muy bien en que mes pero creo recordar que fue en primavera. Mi profesora de clases particulares, Maribel, cuenta con una colección bastante surtida en el piso en el que da las clases. Recuerdo que fue en lo primero que me fijé, en el gran número de estanterías llenas de libros, ocupando la pared izquierda y parte del fondo de la habitación. Maribel no solo me daba clases, también solíamos hablar unos minutos sobre libros, cultura y diversas cosas unos minutos después de la clase. Por si tener una maestra con la que pudiera hablar sobre lo que me gustaba no fuese suficiente, también fue muy generosa conmigo.
En su colección Maribel contaba con libros sobre una de mis grandes pasiones, la mitología, y en ocasiones me dejó alguno para que lo leyera. El primero que me prestó era un glosario sobre términos de diferentes mitologías que, con ayuda de mi hermana pequeña, copie por completó y a día de hoy sigo conservándolo en el ordenador. La sorpresa vino con el segundo libro que le pedí, un tratado sobre runas y su estudio, cuyo título es “Guía práctica de Runas” de Lisa Peschel. Mi interés por este libro surgió a raíz de algunas conversaciones con Maribel del tema, de hecho ella fue quien me introdujo en el tema. Si juntamos que las runas están relacionadas con la mitología nórdica y que incluía como fabricar runas, eso suponía una mezcla irresistible para mí.
Me lo quedé durante unos días para copiarlo por completo y, como tantas otras veces, Maribel volvió a sorprenderme. El día que fui a devolvérselo, me pidió que me lo quedará, cosa a la que me negué en un principio, pero después de que me dijera que ella solo lo dejaría en su estantería y alegando que a mi interesaba el tema, al final me lo dio como un regalo de su parte. Lo cierto es que Maribel siempre fue muy amable conmigo, incluso me permitió algunos días quedarme después de clases para escribir en una habitación aparte, de hecho dos capítulos de una de mis historias nacieron en su piso.
El último caso del que me gustaría hablaros es el más emblemático para mí, el que tiene más significado de cuantos me han ocurrido. Lamentablemente mi abuela falleció hace 1 año, pero incluso después de morir dejó un regalo para mí, algo que ella quería que tuviera. Unas semanas después de su entierro, mi familia y yo fuimos a visitar a mi tío a casa de mi abuela. Mi tío me llamó para que subiera a su habitación y abrió una caja de madera, de ella sacó unos pocos libros que me entregó. Me dijo que los libros eran de mi abuela y que los había guardado para mí porque sabía lo mucho que me gustaba leer. Cuando tenía 12 años, mi hermana y yo nos quedábamos en casa de mi abuela los domingos a comer y, a veces, me llevaba un libro y lo leía en el sofá. Una de esas veces leí un fragmento a mi hermana y mi abuela se despertó mientras leía, aún recuerdo la sonrisa de mi abuela cuando me vio leer para mi hermana.
Fueron 4 libros los que me entregó mi tío, 4 libros ajados por el tiempo pero que para mí son el mayor de los tesoros. De esos libros 3 son ediciones antiguas de grandes obras: “La Colmena” de Camilo Jose Cela, “La tierra” de Emilio Zola y “Colmillo Blanco” de Jack London; y el último fue un manual antiguo para construir juguetes teledirigidos. Por desgracia mi madre tiró el manual en un descuido, pero los otros 3 los he cuidado con mucho esmero, de hecho los tengo en el hueco más alto de mi estantería, donde pueda verlos siempre. El valor que esos libros tienen para mí es incalculable, pensar que fueron de mi abuela y que ella me los legó a mí es algo que me emociona incluso ahora.
Esos fueron solo algunos casos, a mí parecer los más importantes, podría hablaros de muchos más pero no es cuestión de extenderme infinitamente en este tema. Con esto lo que quiero transmitiros una vez más es mi esperanza en que el espíritu de los viejos tiempos aún perdura, en que los valores de antaño aún viven. En otras ocasiones he dicho que pierdo la fe en la humanidad, pues en esta os digo justamente lo contrario. Son por cosas como esta, por pequeños detalles con un gran valor, por esos gestos altruistas que ocurrían diariamente en alguna parte del mundo, que aún me queda un poco de fe en que queda gente buena en el mundo. Quizás no he sabido plasmar el tema todo lo bien que debería, pero esperó que os haya llegado el significado que he querido transmitir con mis palabras.
Solo me resta preguntaros algo, ¿qué muestras de generosidad habéis experimentado en vuestra vida? Animaos a compartirlas, es una buena forma de hacerle homenaje a esos pequeños momentos.

Antonio Galindo López (@antoniogl_94)

jueves, 3 de marzo de 2016

Relato - Lobo Solitario 4

Sintió dolor cuando cayó al agua, no en vano había caído de varios metros de altura. Tan poco había tenido muchas opciones, de haberse quedado el oso lo habría matado con casi toda seguridad.
            A pesar de que el agua estaba tranquila, sintió como si cayera en tierra dura. Por suerte su cuerpo no se hundió en el agua, pero apenas conseguía mantener la cabeza fuera de ella. Oyó el rugido de rabia del oso, una promesa de que acabaría mal si volvía a aparecer por su montaña.
            El lobo no podía moverse, el agua fría y la caída había entumecido su cuerpo momentáneamente. Dejo que lo arrastrase la corriente, no tenía otra opción.
            Pasó mucho tiempo en el río, desconocía cuanto tiempo había pasado. Solo veía las altas paredes de roca, rodeándolo todo a su alrededor. Sintió algunos peces curiosos acercarse, algunos solamente pasaban por su lado y otros, los más atrevidos, se atrevían a tocarlo. Eso al lobo no le preocupaba, los peces eran comida y nunca sería al revés.
            Después de estar tanto tiempo en el agua notó un cambio en el paisaje, las paredes de roca se abrieron para dejar ver algo más. Vio el cielo abierto con su azul infinito  y un lugar nuevo, el más bonito hasta ahora, el río lo llevaba directo hasta él. Un paraje lleno de flores se extendía hasta donde alcanzaba la vista, multitud de olores diferentes llegaban a su nariz.
            Finalmente llegó hasta allí. Las paredes de roca desaparecieron del todo para dar lugar a un espacio abierto. Podía ver la orilla cerca, cubierta de tierra, tan cerca que solo le bastaría nadar un poco para alcanzarla.
            El lobo intentó moverse y lo consiguió, sus patas volvían a obedecer sus deseos. Nadó hasta la orilla lentamente, pues su cuerpo aún estaba un poco entumecido por la caída. Tardó un poco pero finalmente llegó, se tumbó en la orilla para secarse. Desde ahí pudo ver mucho mejor el lugar.
            Estaba lleno de flores, de una variedad y colorido que nunca antes había visto. Todo el paisaje era una mezcla de belleza y olores, olía tantas flores distintas que no sabría decir a cual pertenecía cada fragancia. No solo había flores, un gran número de insectos disfrutaban de su néctar. Vio abejas, mariposas y muchos otros bichos desconocidos.
            El lobo estaba maravillado con lo que veía, quería verlo todo más de cerca. Se levantó y se acercó con el entusiasmo propio de un cachorro. Pasó entre las flores absorbiendo su aroma, sin atreverse a olerlas directamente, pues las abejas se molestaban con facilidad. La hierba bajo sus pies era tremendamente suave, sentía un cosquilleo en las almohadillas de las patas.
            <<Este lugar es magnífico>> pensó el lobo maravillado.
            Le encantaba todo cuanto veía, la tranquilidad se respiraba en el ambiente. No había animales peligrosos que lo intimidarán, tampoco hacía frio ni calor. Sin embargo había algo que lo sorprendía: no había rastro de ningún animal. Lo único que veía eran flores e insectos, parecía que fuesen los dueños de ese lugar.
            Entonces oyó el sonido de la hierba al moverse, un sonido que solo podría hacer un animal. Se giró para ver al recién llegado. Era una loba, pero no una loba cualquiera. Su pelaje era blanco como la nieve, era muy hermosa. La loba no tardó en verle, avanzó con pasos tranquilos entre el amplio colorido de aquel lugar.
            El lobo se quedó dónde estaba, no sabía que decir. Había convivido mucho tiempo con su manada y sabía bien como hablar con las hembras, pero esa era distinta. Tenía algo diferente, no sabría decir el que pero se sentía acongojado ante su presencia, temeroso de espantarla con cualquier cosa que dijera.
            Al parecer la loba no pensó lo mismo, pues fue la primera en hablar.
            -Bienvenido –dijo la loba con amabilidad, después lo miró con extrañeza al ver que estaba mojado-. ¿De dónde vienes?
            -Vengo de muy lejos –respondió el lobo con rapidez, presa de los nervios-. Crucé las arenas del desierto, vi el mar extenderse hasta el infinito y viví un tiempo en la montaña hasta que me encontré con un oso. Tuve que saltar al río para sobrevivir, después llegué aquí.
            -¡Un viajero! –soltó la loba con evidente sorpresa, su sonrisa se hizo más amplia-. Sabía que tenías que serlo. Eres el primer lobo que llega a este lugar.
            El lobo no se sorprendió de oír eso, en verdad había pensado que aquel lugar pertenecía a los insectos, o eso creía hasta que vio aparecer a la loba. Se alegraba mucho de verla, siempre era una alegría encontrarse con una hembra de su especie, pero nuevamente no sabía que decir.
            Podría preguntarle por ella, pero temía que se molestase. La incertidumbre no era algo a lo que el lobo estuviese acostumbrado, de hecho era la primera vez que sentía algo así, nervios tan intensos que recorrían su cuerpo como pequeños insectos, extendiéndose por todas partes y haciéndole temblar por dentro.
            Quería saber más de la loba, pero también quería saber que era ese lugar, porque era tan bonito. Su curiosidad fue lo que le llevo a iniciar el viaje, lo que le permitió conocer tantos lugares diferentes y a otros animales, lo que condujo sus pasos hasta allí. Siempre le había sacado de cualquier apuro, por lo que confiaría una vez más en aquello que lo caracterizaba: la curiosidad.
            -¿Qué es este lugar? –preguntó el lobo con toda la tranquilidad de la que fue capaz, que no fue fácil de reunir-. ¿Por qué no hay más animales? ¿Por qué estás sola?
            -Demasiadas preguntas a la vez –respondió la loba entre risas. En su mirada no había burla, lo que tranquilizó un poco al lobo-. Este lugar se llama llanura y como ves, está lleno de flores e insectos. La verdad es que no sé porque no hay más animales, cuando llegué aquí no había nadie. Es algo solitario pero muy bonito, aquí no tengo que preocuparme de nada. Lo único que echaba de menos era la compañía de alguien, algún animal con el que poder hablar. Siempre había estado sola… –hizo una pausa elocuente, su sus ojos estaban concentrados en el lobo. Lo miraba como nunca antes lo miró nadie, como si nada más que él fuera importante- hasta ahora.
            Entonces el lobo lo supo, la respuesta que tanto tiempo anduvo buscando. Nunca había buscado su viaje en el mundo, no dejó el bosque porque no lo sintiera como su hogar. No, esa nunca fue la razón y, hasta ese momento, el lobo no fue consciente de ello.
            Recordó que fue lo que lo llevo a viajar, ese sentimiento de vació del que nunca pudo librarse, esa soledad que lo siguió a todas partes como si fuera su sombra. No necesitaba buscar más, pues ya lo había encontrado. La respuesta a sus preguntas estaba frente a él, una compañera que siempre estaría a su lado, alguien que lo completase y expulsará la soledad de su corazón.
           
            Así terminó el viaje del lobo, un viaje que no acabó hasta que el mismo final le encontró a él. Esta historia, como muchas otras, tiene una moraleja, una enseñanza que puede extraerse, concretamente, de este último relato y esa enseñanza es: “todo el mundo necesita a alguien, esa media naranja que la complete. Da igual que seas animal o persona, que seas un lobo o un chico, al final encontrarás el amor; o, como en esta historia, el amor te encontrará a ti”


                                                                       Antonio Galindo López (@antoniogl_94)

Poema - Febrero

En “Febrero” por la playa
Un barco “Viene de marea”
El capitán con su “Babucha”
Se pone la “Guayabera
Y en “Un país llamado Cádiz” desembarcó.
“El gran Cádiz” lo llaman
Y “Los doce” meses del año
“La banda del colorete” lo habita
“La Corte” de “Los Agitadores”
“La comunidad” de “Los voltereta”
Que con “Luna llena” las coplas recitan
Y “La selva madre” convierten en Tacita
“El barco del arroz” vuelve
Tras dar “La vuelta a Cádiz en 80 mundos”
Al “Reino de las Alegrías”
Lleno de “Luchadores” “Clandestinos”
Y “El Creador” que le dio “Origen”
Creo un reino donde los “Cobardes”
Son “Invencibles”
Defendido por “Arqueros” que son “Irresistibles”
Y con “Camellos” que no son “Egipcios”
Donde un “Kichi” me dijo
“Si me pongo pesao me lo dices”
Que aquí “Sigo siendo el rey”
El “Rey de Corazones”
De esta tierra que es “La olvidada”
Las coplas salen de “La Alcantarilla”
Donde siempre hay “Una historia que contar”
Un “Cuento de tronos”
Protegido por los “Serenos”
De “La guardia de la noche”
De los “Capitanes del sur”
Que te gritan “Vente con los malos”
Siempre “Los malos del cuento”
Pero “Un fallo lo tiene cualquiera”
Y una “Desconocida” te grita
“Vámonos pal Mentidero”
Ven al “Ministerio de la esquina”
Que te dare una “Coroterapia”
Con un “Coro genial”
Y serás “Envidiado” en la “Calle San Vicente”
No hagas caso a “Las opiniones de un payaso”
Y con una “Cazuela” ameniza tu “Espera”
Los “Cuervos” acabaran con “Los desperdicios”
Tu vive “La resistencia” “Centenaria”
De “Los niños perdidos”
Escuchando “Las historias del viejo”
Y como un “Niño Jesús” que “Sale de Milagro”
El “Profeta” alienta a “los Lunáticos”
Y la “Orden” de “Los chatarra”
Te dirá “Arriba el telón”
La “Vida” es una “Estación”
Donde para “El vagón de cola”
Bajo la torre de “Babel”
Donde todos dicen “A.L.C.A.R.A.J.O”
Es nuestro “Hollywood”, un “Cabaret”
Donde los “Guapos” “Trimilenarios”
Tienen el “Negocio del Siglo”
Y aunque “To lo malo se pega”
No te “Desamines”
Que en este “Monopoly” darás “La Talla”
Y va a “Volver” una “Especie en Extinción”
A este “Circo de los payasos”
Este “teatro de marionetas” “nos junta en Andalucía”
Y los “Piratas Informáticos” aquí son “Caza fantasmas”
Que a los “Niños de la Susana” hacen “Castrati”
Y si tu “Disfraz tiene delito” “Quítate del medio”
Que aquí “Los traidores” “Viven de Gañote”
Y “yo soy preso” del “Asesino de comparsistas”
Que a “Tontín” dejan con su “Rebujito”
Y con la “Misa del Gallo” “Vuelven los maestros”
A su “Trabajo de comparsistas”
Con “el polvorón” de “La resaca”
Y vamos a “Salirnos del Euro”
Que la “Santísima Trinidad” trae “Esto pa ti y pa mi”
Y los “Libreros” traerán “Rocamboles” para entretenernos
Y si esto no tiene sentido
Recuerda que “Afuera te espero”
Que la vida es un sinsentido
Que el sentido es lo de menos
Que el carnaval es la vida
El sentido que tú le des
Que la vida no es sentido
Porque “La vida es Bella”

José Carlos Ortega Díez (@Orteguilla25 o @EscritorOrtega)